Viajé sola a Porto con la intención de observar despacio. De detenerme en lo que normalmente se ignora. Llevaba plastilina. Con ella fui tomando moldes de las texturas que me llamaban la atención , presionando el material contra las superficies, capturando su relieve. Los moldes se fueron deshaciendo con el tiempo. De vuelta, digitalicé esas formas y las trasladé a madera. Lo que había sido una textura anónima en una esquina de Porto se convirtió en sello algo que puedo volver a imprimir, repetir, usar.




Viajé sola a Porto con la intención de observar despacio. De detenerme en lo que normalmente se ignora. Llevaba plastilina. Con ella fui tomando moldes de las texturas que me llamaban la atención , presionando el material contra las superficies, capturando su relieve. Los moldes se fueron deshaciendo con el tiempo. De vuelta, digitalicé esas formas y las trasladé a madera. Lo que había sido una textura anónima en una esquina de Porto se convirtió en sello algo que puedo volver a imprimir, repetir, usar.



